Cuba fue, durante buena parte de los siglos XIX y XX, el principal exportador de azúcar del mundo. La isla volcó su geografía, infraestructura y cultura en torno a la caña: el azúcar fue músculo, moneda y mito nacional. Hoy, en 2025, la zafra toca fondo. La producción cae por debajo de las 200 mil toneladas, un mínimo sin precedentes desde el siglo XIX.
Las causas técnicas del derrumbe son claras: falta de combustible y lubricantes, roturas industriales por ausencia de refacciones y un parque de ingenios reducido al mínimo. En otro tiempo la isla medía su destino en millones de toneladas y recibía trenes cargados de crudo soviético a cambio de azúcar; hoy apenas alcanza para el racionamiento, el ron y la industria farmacéutica, viéndose incluso forzada a importar. Detrás de cada tonelada que no se corta hay una pieza que no llegó, un crédito que no se pudo cursar o un barco que no atracó.
Pero los tecnicismos no bastan para explicar la magnitud de la crisis sin mencionar el cerco financiero y comercial de alcance extraterritorial que condiciona las transacciones, seguros, logística y financiamiento. Cada noviembre, la Asamblea General de la ONU vota el fin del embargo: este año y el anterior, 187 países lo apoyaron, mientras Washington e Israel votaron en contra.
La aplicación extraterritorial de sanciones ha sido calificada como “ilegal bajo el derecho internacional” por el gobierno del Reino Unido tras la activación del Título III de la Helms-Burton. La Unión Europea, desde 1996, mantiene un “bloqueo al bloqueo” (Reglamento 2271/96) que protege a sus empresas y sostiene que estas medidas contravienen el derecho internacional. En la práctica, bancos europeos, navieras asiáticas y aseguradoras canadienses evitan operaciones con Cuba por temor a represalias en Estados Unidos.
Un ingenio no se detiene por romanticismo, sino cuando fallan las piezas, una transferencia SWIFT rebota por sanciones, el flete se encarece por riesgos reputacionales o un proveedor de fertilizantes decide no vender para no perder el mercado norteamericano. Reuters lo resumió como escasez de insumos críticos y quiebre operativo en cadena. El cuello de botella sistémico es el que impide a Cuba comprar, pagar, transportar y asegurar a costos razonables.
De 8 millones de toneladas a finales de los años 80, la zafra se reduce hoy a centenas de miles. Tras la caída del campo socialista llegó el “Periodo Especial” y luego las sanciones renovadas. Menos caña plantada, menos ingenios en operación y menos divisas para reinversión componen un círculo vicioso que impacta directamente en la población.
Los titulares de prensa suelen hablar de “fracaso del modelo”. Sin embargo, cuando un país no puede asegurar un buque, pagar un proveedor o cobrar una exportación porque un tercero ajeno al contrato impone sanciones con efectos fuera de su jurisdicción, se trata de una arquitectura de coerción que convierte en “riesgo” cualquier operación con la isla. Esto deforma precios, encarece fletes, retrasa mantenimientos y desarticula la zafra.
En México, la agroindustria del azúcar también enfrenta riesgos. Los pagos a los productores cañeros se reducen, hay triangulación de empresas transnacionales de Estados Unidos para pagar precios más bajos e incluso se ha detectado la importación de azúcar mezclada con aserrín que afecta al consumidor. Los saboteos no son nuevos y se advierte que la única manera de proteger la industria nacional es fortalecer los mecanismos internos para blindarse de boicots o bloqueos.
México y América Latina, con tradición en zafras e ingenios, podrían interpretar la crisis cubana con menos prejuicio y más atención a la logística. Existen posibilidades de cooperación en insumos, refacciones, asistencia técnica y financiamiento con blindajes legales y corredores de pago que eviten bloqueos. Europa ha dictado un estatuto de bloqueo para proteger a sus empresas; Latinoamérica podría articular mecanismos regionales de comercio esencial y finanzas de desarrollo.
La zafra cubana de 2025 deja un mensaje claro: “no se puede podar el árbol, sancionar el agua y luego reprochar que el fruto no crece”. Sin el levantamiento del embargo, cualquier plan de modernización enfrenta obstáculos estructurales. Cuba ha buscado abrir su economía, pero mientras persista el bloqueo, la zafra continuará en números rojos y el Caribe seguirá pagando, en azúcar y en dignidad, el costo de esta política.
Fuente: Columna de opinión El Desarticulista, publicada por El Soberano.
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